Este testimonio lo compartió una persona muy amable conmigo , y no quiero quedarme con el guardado, quiero compartirlo contigo.

 

Mi testimonio, el primero
Dios existe. Siempre lo supe. Y esto que les voy a contar es un hecho real, absolutamente. Y como es real, usaré mi nombre en esta pequeña y linda historia.

Mi nombre es Sergio Baleirón, argentino, arquitecto y músico. Me casé a fines del año 1989, en el mes de Diciembre. Con mi esposa, habíamos decidido irnos a Brasil, por razones de trabajo fundamentalmente y porque tenía un colega con el que estudiamos juntos, trabajando bien allí y eso hicimos. El 22 de febrero del año entrante ya estábamos rumbo hacia allá. Un pequeño detalle era que no tenía la dirección de mi amigo, solo sabía de la ciudad en que estaba, Capâo da Canoa. Así pues llegamos a Porto Alegre, Capital del estado de Río Grande Do Sul, e inmediatamente que pudimos, viajamos a Capâo. Yo conocía esa ciudad, había ido anteriormente de vacaciones, cuando soltero. Estuvimos buscando a Marcelo, mi amigo, todo el día, sin resultado alguno, la ciudad, había crecido bastante y se llenaba de gente los fines de semana, período en el cual nos encontrábamos. Era el día del Señor. Finalmente, ya sin esperanzas de verlo, decidimos volvernos a Porto Alegre, y nos encaminamos al atardecer ya oscuro, rumbo a la Terminal de ómnibus del lugar. En una calle oscura, y cansados, de esta manera, solo que viniendo en el sentido opuesto al nuestro, así, de frente, encontramos a Marcelo, con su esposa. Esto modificó sustancialmente nuestro destino. Marcelo me dijo que me viniera a Capâo, que había bastante trabajo. Así es que nos establecimos allí, y nos alojamos en su departamento, hasta que pudimos alquilar el nuestro. Empezábamos una nueva vida en todo sentido. Fue en esos días que supimos que mi mujer estaba embarazada. Empezamos a planificar nuestra nueva etapa, donde todo acontecía, otro país, solos, buscar trabajo, y un embarazo. Yo empecé a golpear puertas en todos los estudios de arquitectura del lugar, entre ellos el del que luego sería uno de mis grandes amigos, el arquitecto Canani, un bohemio de aquellos, súper culto, músico y amante de la música folclórica “argentina”, además. Tuvimos buena afinidad con él desde el comienzo, si bien estaba flojo de trabajo y no tenía mucho para ofrecerme en ese sentido. Pero, sí me ofreció generosamente su familia y su casa, donde compartimos ricas cenas de su esposa, la calidez de un hogar y horas de música. Marcelo, a su vez, me consiguió un trabajo, el primero mío como profesional, en un estudio de amigos de él. Así, poco a poco, comenzamos a insertarnos en esa sociedad. Mi esposa, también consiguió su trabajo, como profesora de música de niños para una entidad que dependía de la municipalidad local, un estamento de gobierno. Además, en el mes de Agosto consigue la titularidad para dar un curso de español para adultos orientado al turismo, con un material que hicimos en casa. Trabajamos mucho, no obstante, el dinero no rendía lo suficiente.

Para peor, ese año asume el Presidente Color de Melo, y se genera una grave crisis económica en el país, lo cual hace, entre otras cosas, que las obras que tenía el estudio donde trabajaba, se paralizaran. Mi situación laboral pasó a ser entonces muy precaria, no tenía que hacer y no obstante mis superiores me mantenían con un sueldo básico, esperando se superara la crisis. El vientre de mi esposa, no sabía de crisis, seguía creciendo viento en popa. Y mi preocupación también. Éramos extranjeros, no teníamos cobertura médica, por lo tanto, la atención médica y los medicamentos necesarios eran gastos que cubríamos en forma particular. Eso nos impedía por otro lado, comprar cosas necesarios para el bebé que venía, nuestro príncipe!. Digo: ropas, accesorios, pañales descartables, etc. yo tenía en ese entonces la imagen de los padres de Jesús, tan desposeídos y humildes, era una situación crítica. Tampoco queríamos recurrir a nuestros recientes amigos, la crisis nos afectaba a todos. Así es que el nacimiento de nuestro hijo estaba previsto para fines de octubre, y la crisis seguía profundizándose, hasta que luego desembocaría en un vergonzoso Impichmeant Presidencial, fruto de tanta corrupción. El día del parto se acercaba, y con mucho esfuerzo había conseguido comprar solamente una cunita mecedora, muy bonita, en excelente estado, aunque usada. Nos faltaba todo el resto para nuestro bebé, digo to-do lo demás…., días antes del parto mi mujer, en estado avanzado de su embarazo, termina ese curso por el que había sido contratada y se hace un evento de despedida con entrega de diplomas a sus alumnos, aproximadamente unos 270. Yo a todo esto ya imaginaba a mi hijo saliendo del Hospital vestido solamente con unos pañales de tela y una hermosa manta de las dos que habíamos recibido de nuestras abuelas, tejidas a mano, al crochet. Claro, Dios interviene en el momento menos esperado y trae una solución a todas las cosas de manera sencilla y sublime. Así fue que el día del evento de entrega de diplomas y los días sucesivos, empezamos a recibir obsequios de los alumnos (270) y amigos para nuestro bebé que ya venía. Ropas hermosas, conjuntos, sábanas, frazadas, accesorios, en número tal, que desbordaba toda expectativa!!. Tanto, que por más que quisimos, no pudo usar por completo, así que muchas prendas y cosas las estrenó su hermano que llegó al otro año. Cada uno de los que pudo, sin saber de nuestra situación, trajo lo que pudo, con mucho cariño. Eso recibió Joâo Gabriel, mi hijo, al nacer, porque luego fue también visitado por muchos. Finalmente, llegaba el día del parto, y otro gasto enorme para afrontar…., yo ni siquiera había podido cobrar mi sueldo, fruto del estado crítico en el que estábamos entonces. Mi amigo Canani se había ofrecido llevarnos hasta el Hospital, así que cuando mi esposa sintió que se avecinaba el momento, lo llamamos. Ni bien entramos al Hospital, Canani me pidió que acompañara a mi esposa hasta su cuarto, que él haría el registro de internación en tanto. Horas después nacía Joâo Gabriel, nuestra alegría de las 4 que tenemos hoy. El parto fue complicado, estaba mal colocado, y finalmente nació con la cabeza mirando hacia arriba, lo cual, a los dichos del lugar equivalía a nacer “mirando a la luna” o sea, una persona de suerte. Así es. Después de la recuperación teníamos que dejar el Hospital, y yo, claro, saldar la deuda, cosa que no podía, no había cobrado aún como para paliar la deuda. Cuando fui a plantear la situación a la administración, me respondieron que “no debía nada”, ya estaba todo pago!. Azorado pregunté, Cómo?, sí, me dijeron sin dudar, Canani había dejado un cheque en blanco para descontar los gastos!. Otra solución inesperada. Finalmente, me reuní con el médico, otra gran persona y padrino de nuestro 3er hijo, no quiso cobrarnos nada, no hubo forma. Al tiempo cobré y pude devolverle a mi amigo Canani, su dinero, pero su gesto, aún se lo debo. Esa es parte de mi historia donde Dios intervino. Yo lo sé, lo sentí, El estuvo ahí. Y no fue la única vez.

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